Me sorprendió ver que la luz de la pieza de mis viejos estuviera prendida cuando ya era muy tarde. Amantes padres, dulces, enamorados. Ambos en su amplia cama , leyendo. El título del libro del viejo era "Ciento una posiciones para hacer el amor" y el de mi madre: "Ciento dos excusas para no hacer el amor".
El gato, con cara de desgraciado tenía en su boca una gran rata que ofrecía al asador pintado sobre la pared del bar que hacía hamburguesas y chorizos sobre una parrilla móvil. La imaginación me detuvo a mirar por un rato lo que hablaba por sí.
Un hueco en una pared con grandes grietas de material quebrado a ambos lados, encerraba a un hombre desnudo, en cuclillas, apoyando las manos en el suelo. Con ojos desorbitados miraba hacia afuera y un mechón escaso de pelo negro se estiraba hasta su entrepierna. El impacto de esta pintura logró su propósito. Un remolino de corridas y gritos se iba disipando en el aire.
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