El azul es raro en la naturaleza de las flores porque es todo del cielo.
¿QUIEN PUEDE CONTRA MILES DE MILLONES DE AÑOS?

El ramillete azul cuelga de una roca e invita a acercarse por su hermosura azul que se acaricia contra el verde de las hojas. Cuando se siente el perfume débil que la brisa saca de las campanillas desde donde también sale el sonido tenue del roce de las alas de las abejas que están guardando los corpúsculos de polen que van clavando en su abundante pelambre.
Nada restringe el paso a éstas trabajadoras que llegan y se abrazan de las corolas como si fueran suyas. Las aprietan en un abrazo y luego las penetran ara acariciar de todas formas posibles a los estambres que las bañan con su polen.
El ramo de corolas azules ha encontrado un hueco en la roca dura debajo de él que ha cedido para que ellas hibernen sus crías que ya saborean la masa de polen.
Al regreso de sus muchos viajes hay una visita imprevista al borde de la cueva. Es una avispa grande, rojiza que con las alas en equilibrio y su aguijón erecto muestra su facha de guerrera. La abeja la ve y se esconde un rato detrás de las hojas gruesas, pero como el bicho no se mueve, es ella la que va a la pelea. En la refriega pierde su carga de polen, su divino tesoro, pero ese intruso no uede invadir su nicho. Ella se mete entre las flores y se sacude para pedir auxilio. De inmediato, todas juntas se mueven y a forma de látigo matan al extraño, La abeja se concentra en despedazar sus alas. Se inclina y lo ve muerto allá abajo. Ya no sabe qué hacer para saludar la amistad y fuerza de sus amigas azules. Antes de volar a su cuna mete la cabeza entre sus pata y reverencia. Ya no es hora de sacar más polen. Mañana será otro día pero estará más atenta.
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